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Cristian Avecillas
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Cristian Avecillas

Cristian Avecillas


Cristian Avecillas, (Quito, 1977) estudió en la Escuela de Literatura, Facultad de Filosofía, Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Mentalizador, realizador y director de los estudios biográficos de Edmundo Ribadeneira, que acompañarán a la edición de su libro póstumo: El Cajón Postergado. Co-editor de Casa de las Iguanas (Revista Virtual de Poesía y Cultura). Obras destacadas: El silencio da, Todos los cadáveres soy yo, Estrategias para descarriar a una mujer, poesía. Discos demo: El dragón y otras aves, y, Creación de los amantes. Premios: Todos los cadáveres soy yo, obtuvo una Mención de Honor en el 49º Concurso Internacional de Poesía Casa de las Américas, Cuba 2008, gracias al veredicto del jurado integrado por Carmen Berenguer (Chile), Jorge Boccanera (Argentina), Gustavo Pereira (Venezuela), Juan Manuel Roca (Colombia) y Alex Pausides (Cuba).

                                       
Cristian Avecillas Sigüenza nació en Quito durante el mes de marzo de 1977. Tempranamente recibió el estímulo de su entorno familiar para dedicarse a la lectura. Inscrito, gracias al acierto descubridor de su profesor, Tirso Gómez, en el Conservatorio Nacional de Música, aprendió a tocar violín desde muy temprana edad, aunque en su destino estaba deparada la guitarra como compañera para creaciones musicales, de donde han devenido dos discos demo, El dragón y otras aves, y, Creación de los amantes, con canciones, cuya letra y música son de la autoría de este poeta.

Su primera obra poética, editada artesanalmente, El silencio da, 1999, fue el principio formal de su carrera literaria; obra que posibilitó su incursión en la comunicación cultural, pues de inmediato pasó a dirigir CAMINARTE, Revista Cultural de Radio El Telégrafo, de Guayaquil.

Su segunda obra, también de autor, salió a la luz gracias a una convocatoria realizada por la empresa privada, se tituló Lo que nombras se hace cuerpo…, libro con el que, cantándole al amor efímero, consolidó su voz poética como una de las promesas literarias del Ecuador. Posteriormente, Maquillaje para un muerto, obtuvo Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía “M.I. Municipalidad de Guayaquil”, 2002.

Desde entonces, su tiempo fue destinado en totalidad voluntaria a la creación y la corrección de su obra, que en silenciosa decantación ha ido dando diversos títulos en poesía, narrativa, dramaturgia y ensayo.

La expectativa en torno a la obra literaria de este autor ha crecido paulatinamente desde su intencional retraimiento hasta este momento, en que el Ecuador despierta ante la noticia de que Todos los cadáveres soy yo, obra que el poeta comenzó a escribir en el año 2002, ha sido merecedora de una Mención de Honor en el más prestigioso concurso literario de nuestro continente, Casa de las Américas, celebrado en Cuba, durante los últimos diez días del primer mes del año 2008.

Durante estos días, y desde hace casi 3 años, Avecillas se encuentra realizando las últimas investigaciones pertinentes para terminar su estudio sobre Edmundo Ribadeneira Meneses, intelectual quiteño, Presidente de la Casa de la Cultura y Vicerrector de la Universidad Central que, tras su muerte, acaecida en febrero del 2004, ha caído en un injusto olvido a pesar de que la evidencia de su gestión cultural se levanta erguida en la capital del país: el edificio de la Casa Matriz de la Casa de la Cultura y de que su obra literaria sigue palpitando en el recuerdo de los mayores intelectuales ecuatorianos.

Avecillas ha emprendido en la tarea, con la ayuda de algunas instituciones culturales, el consejo de varios intelectuales generosos y con la bondad de las familias Ribadeneira Aguirre y Valencia Ribadeneira, de detallar el pensamiento y reconstruir la vida del Profesor Ribadeneira en una obra enciclopédica de 4 volúmenes que incluirá el libro póstumo, El Cajón Postergado, libro que contiene la postrema definición del humanismo hacedor y práctico de Edmundo.

Cristian Avecillas

Cristian Avecillas con los poetas Luis Carlos Mussó, Sonia Manzano, Angel Emilio Hidalgo, Ernesto Carrión, de "Casa de las Iguanas"

ENTREVISTA CON CRISTIAN AVECILLAS SIGÜENZA

¿Quién es Cristian Avecillas?

 

Soy un conglomerado humano de gratitudes. Quizás por ellas soy escritor. Mi novia tiene mi conciencia material de que el amor existe. Mi madre tiene el corazón siempre en fiesta y su caricia me ha dado las mejores enseñanzas. Mi padre tiene la mente poderosa y de él aprendí a ser dedicado, decidido y entusiasta. Mi hermano menor, ejemplo de la humanidad sencilla, me dio el silencio; es autista. Mi hermana, que es tenacidad alrededor de la ternura, me dio dos razones para la vida: tengo dos sobrinos muy pequeños que me devuelven al juego y me regalan la ciencia del querer. Tengo un primo que hace del saxo su poesía. Un tío que me dio casa y tranquilidad. Y tengo un primo lejano, Efraín, que me ha hecho callar siempre porque él tan solo habla del amor. Recuerdo a tres maestros indispensables: Tirso, en la escuela, Hernán, en la vida, Cecilia, en la universidad; además, claro, Juan Montalvo, Edmundo Ribadeneira y Oscar Castro. Además tengo algunos amigos que no me aconsejan. Tengo algunos errores en los que incurrir, algunas promesas que olvidar y muchos libros que leer.

 

¿En qué momento de tu vida, le llega este reconocimiento internacional a tu obra poética?

 

El trajín de mi cuerpo biológico me ha deparado el pedestal cronológico de los 30 años. El trajín de mis convicciones líricas me ha deparado, en cambio, una sombra: veo en este mediodía de mi vida que estoy caminando.

 

¿Qué significa para ti este reconocimiento?

 

Que puedo pronunciar mi nombre con la injusta convicción de que atrás de él existe un autor de poesía.

 

¿Injusta?

 

Sí. No considero que sea un acto de justicia recibir felicitaciones o reconocimientos por ser un ecuatoriano más que cumple con su deber. Sin embargo, el criterio generoso de aquella pléyade de la lírica latinoamericana que conformó el jurado del 49º Premio Internacional de Poesía Casa de las Américas y que ha descubierto valideces en mi libro, me ha sido útil para sustentar mis proyectos literarios con la certidumbre de que pueden ser entregados a sus lectores con la tranquilidad de que detrás de ellos mora alguien trabajando.

 

¿En que estás trabajando?

 

En una idea que también es alegría, ventura, convicción; me he destinado a ella con afán intuitivo, en el principio, y ahora con la completa certeza de que es obrar en la memoria de la patria ecuatoriana, de la patria latinoamericana. Tras 3 años de investigaciones, he conseguido reconstruir en el discurso ensayístico a Edmundo Ribadeneira Meneses. Esta reconstrucción, a la que me refiero, provino de una necesidad particular que en la condición humanista de Cristian Valencia Ribadeneira se tornó de sueño en misión; puesto que su abuelo había dejado en manos de su familia, tras su fallecimiento en el día del amor del año 2004, un libro inédito; de esta particularidad caímos en cuenta de su necesidad nacional. Edmundo Ribadeneira, hacedor infatigable, militante indeclinable, humanista ejemplar, había dejado en la patria, durante su larga vida, una obra tanto literaria como humana, que significa referente para nuestros sueños y orgullo para nuestra identidad. Por lo tanto, di en la tarea, con el estimulante y convencido apoyo de Cristian, de preparar un estudio biográfico sobre Edmundo. Ahora, contando siempre con el criterio favorecedor de la familia Ribadeneira y con el encomiable desprendimiento del Presidente de la Casa de la Cultura, Marco Antonio Rodríguez, tengo la sosegada certeza de decir que esta obra de 4 tomos saldrá a la luz en agosto de este año.

 

¿Podrías describir los contenidos de estos cuatro tomos?

 

Evidentemente, el tomo que cierra esta enciclopedia sobre Edmundo es su libro póstumo, El Cajón Postergado. El primer tomo es el estudio documentado de su vida. Los otros dos tomos son trabajos singulares que aparecieron sobre la marcha investigativa. El primero, una biografía colectiva, Biografía a voces, como lo he llamado, deviene del testimonio contributivo de más de 80 personalidades del mundo humanístico e intelectual del Ecuador, cuyas voces, en orden cronológico, me han permitido crear un libro que sin perder su condición de unidad, parece estar escrito por todos. El segundo es un diccionario que proviene de mi fascinada, discipular y paciente lectura de los libros y columnas editoriales que escribió Edmundo Ribadeneira, en la que pude recoger la síntesis de su pensamiento y de sus convicciones, en un material ordenado alfabéticamente para la accesible investigación y el aprendizaje.

 

Volvamos a tu obra poética. ¿Qué cualidades o atributos te han permitido la edificación de tu estilo?

 

La poesía no viene del aplomo, viene de la duda. Paul Celan lo dijo: “Dice verdad quien dice sombra”. También recuerdo a Carlos Fuentes diciendo: “Estar en la duda es estar en la creación”. Cualquier atributo de mi poesía, por lo tanto, proviene de la permanencia voluntaria en el territorio de la búsqueda, en la ausencia de prosa. Incluso, el libro que nos ha permitido esta conversación, Todos los cadáveres soy yo, a pesar de que aborda una definición y discurre con el propósito de incorporar una lápida en la conciencia ajena, es una subversión de toda lápida, es decir, una intromisión en la carencia de vida para cantar lo que allí se multiplica y se embellece.

 

¿No tienes estilo?

 

Tengo voz. Ella ha logrado estructurarse con una forma que quizás evada cualquiera de mis intenciones concientes de escritura. Mi voz tiene autonomía, yo tengo disciplina. De ahí, si me preguntas cómo escribo poesía o para qué la escribo, solo te diría que me dejo acontecer en el lenguaje para dar con la irrupción de un símbolo.

 

¿Qué sucederá de aquí en adelante?

 

Dejar pasar el entusiasmo. Criar a mi gato. Amar a mi compañera. Sucederán las publicaciones que te he mencionado. Como te dije, dejar que el sol avance hacia el ocaso para seguir mi sombra. Mientras tanto yo me dejaré acontecer en todos estos eventos con el compromiso de alcanzar el verso que grite ¡Humanidad!

 

Cristian Avecillas
"Todos los cadáveres soy yo", obra galardonada en el 49º Premio internacional de poesía Casa de las Américas, será editada y publicada por la Casa de la Cultura Ecuatoriana gracias a las disposiciones de su presidente, Dr. Marco Antonio Rodríguez, durante la última semana del mes de abril de este año

SELECCIÓN DE POEMAS:

 

De Todos los cadáveres soy yo (2007):

 

*

1

Mi victoria, no juzgarme,

Transformar en verso mi cadáver.

 

Ingresar en la plomiza infancia,

Huérfano de sangre,

Y sentir la arteria seca, irrigándome palabras…

 

Oficiar el verso en mi cadáver.

 

2

La mejor manera de ser cuerpo es no ser cuerpo,

Ser lenguaje:

Solo un muerto puede sugerir la sombra.

 

6

Por vivir en la verdad ha muerto un hombre,

Por dejar atrás la prosa, la caricia que envanece,

La maciza artesanía que distrae al cuerpo

Mientras cae el tiempo en un puñal que canta:

 

Criminal es quien promueve podredumbres que podrían evitarse,

Criminal, también, quien ya dejó de promover la podredumbre inevitable.


8

Este es el espacio en donde no se teme a nadie,

Donde destruir es el sudar por otros

Y sudar, matar al yo para alcanzar un movimiento.

 

Este es el lugar donde lo ajeno es imposible,

Donde el hombre se eterniza depurándose de dioses.

 

¿Qué reside en este osario?

Nada; excepto un cuerpo humano mejorándose,

Un jardín de desperdicios que florece.

 

17

Soy la humanidad,

Cloaca abajo y pasto arriba,

Verdad abajo y sombra de hombre arriba:

Ya no existe evolución inalcanzable, soy la humanidad.

 

Así como creí en las circunstancias y en los monstruos, creo en mí;

Así como creí en la mortandad del firmamento, creo en mí:

 

Soy eucaristía de gusanos.

 


18

Mímesis del hombre:

Ser la tierra,

Alojarse en la campiña para darle impulso a una pradera:

Copiar la dramaturgia de la arcilla y entramar la piel del fango,

Sentirse convincente superficie para hacer más grande el mundo,

Tramar la voz del barro y olvidar.

 

Subterráneo, interminable: vértice del cosmos,

Humus cronológico del tiempo,

Gris anonimato en el confín.

 

***

 

2

El poema es terminar al muerto,

Destruirse con el verso que parezca ser verdad.

 

8

El poema es el actuar frenético de la paciencia ilimitada,

Tiempo para reverencia y tiempo para rebelarse:

Ocupar un sitio en el silencio

Y montar los huesos como manchas sucesivas en la página.

 

El poema es inventar en lo conciso, lo imposible:

Música en la roña.

 


10

Vivir de nuevo,

Vivir para rizar una palabra,

Una sílaba mordida,

Manicomio de otra boca.

 

Vivir para mirar de nuevo,

Mirar como si todo lo demás fuera la muerte.

 

13

Desear de nuevo,

Ser objeto cada vez más perecible

Y enmendarse en los carmines de la amada.

Horda de diafragmas, trémulo de boca,

Dar con la humedad.

 

Mirar cómo se mancha con promesas

El deseo entre los fondos de la amada.

 


14

Morir de nuevo,

Volverse viento, paredón del polvo,

Volverse humanidad.

 

Entonces escribir el verso que no pueda refutarse con el cuerpo,

Entonces elevarse al humus donde se aman el gusano y la deidad,

Entonces integrarse al canto,

La raíz del pasto en la concordia del despojo,

Entonces militar la humanidad:

 

Los párpados ennegrecidos para el futuro de lo blanco,

La sombra de la tierra entre los huesos de la gente,

La gracia humanizada de la mengua.

 

15

Solamente relajarse en el azufre,

Consumir la eternidad con el lenguaje.

 


18

Amé la vida:

Puedo concentrar en mí toda la muerte.

Amé ser hombre:

Soy capaz de toda soledad.

 

Desde aquí podré lanzar mi flor al mundo,

Mi poética de huesos estropeados…

 

Todos los demás son bienvenidos a mi muerte,

A exiliarse del humano tiempo para ser parte del tiempo.

Toda cosa puede hallar aquí su origen.

 

19

Esto es el cadáver:

Ya no hay labios,

La mandíbula es tridente repentino.

 

La mejilla se ha vaciado para contener al cielo…

Ya no habrá doncellas para pastorear con cánticos…

 


21

Todos pueden encontrar su propia muerte en este verso.

Ningún dios es más auténtico que otro,

Ningún muerto está más muerto que otro.

 

Cualquier hombre es paraíso al destruirse,

Cualquier dios puede intentar la eternidad

Dentro de un verso.

 

23

Porque el viento aquí es inútil,

Porque la única carnosidad viene del hongo,

Porque la última virtud es apestar,

En la magna decadencia de mi cuerpo,

Nace un verso

Donde todos los cadáveres soy yo.


OTROS POEMAS

 

EL SIMIO QUE SE DESVANECE

a Estefanía

 

 

Nunca te busqué pero te hallé desnuda.

Hembra entre las hembras, bestia de las bestias, te encontré desnuda.

Carne de la estepa, carne sobre carnes, te encontré...

Blanda para el ansia endurecida de mis vértebras,

Cóncava a favor del simio que a tus pies está de pie.

 

HOMBRE ARRODILLADO

 

Si dios existe

Tú no estás leyendo este poema.

 


LA INTUICIÓN

 

Voy a emprender la retirada, no vaya a ser un hombre el que se acerca.

 ARISTÓFANES, La asamblea de las mujeres

 

 

La tribu se demuestra: hondo en la planicie danza el jefe.

Los tambores en las yemas dan el rumbo.

Molde: el brinco sobre la esperanza.

 

La raza camuflada grita, hervidero armado en pos de un animal.

Las mujeres prenden la fogata en la ladera

y la tribu entera participa: ya es la cacería.

 

Así en la mente: danza el jefe y es una verdad.

Sientes una música, una raza en el estómago, un tambor sobre la pierna

y no es sospecha, ya es verdad;

porque el rumbo vislumbrado, la fogata anticipada,

la esperanza compartida, te revelan la verdad:

 

“No, mujer, no sigas.

Detente cuando intuyas que estás sola:

ya es la cacería”.

 


LA CARICIA

 

Tócame aquí; así es, así es: aprende, aprende.

Subiré a las lágrimas de tu mirada en garras

Y será mi ofrenda lo que excites, lo que manipules,

Todos los becerros que hay en mí.

 

Rómpeme después para que empieces a romperte:

A mí la piel me sobra porque soy la fe;

Ni siquiera tengo dos mitades

Ni un lugar donde encontrarme con mi boca.

 

Rómpeme, derrótate,

Y así, conmigo, encontrarás el canto.

 

Así es; así es: has llegado al ímpetu,

Esa parte mía no me pertenece:

¡Funda allí tu paraíso terrenal!

Allí ya no me duele,

Allí nadie me escucha.

 

Pero si encontraste una montaña, déjamela:

Tu saliva la formó para vagar.

Tu saliva la formó para vagar.

Dirección electrónica: cristianavecillas@hotmail.com

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