ESCULPIR
CON FUEGO
Luis
León (Otavalo, 1944) ha logrado sacar sus
seres fantásticos a través de la comunión
del metal con el fuego, en un ritual de génesis
y metamorfosis de elementos terrenales: expresiones
que reflejan vida por el instante de su creación
en fuego a 1 200 grados y los golpes guiados por
la conciencia, que se materializan en aquella idea
esbozada en el objeto único, espejo de los
recuerdos almacenados en lo más profundo de
la mente.
Su
taller se encuentra en el popular Mercado Municipal
Arenas, en el centro histórico de Quito. Por
algo más de 35 años, en ese lugar se
ha podido percibir un ambiente lleno de materiales
que cuentan su propia historia. Cada pieza ha sido
adquirida en distintas circunstancias. De lo utilitario
cotidiano han pasado al desecho y luego, al taller,
donde esperan ansiosos al venterol para que el fuego
los calcine y puedan mantener un diálogo con
el maestro y sus herramientas, que consiguen sacar
el espíritu encerrado de una escultura.
Mediante
este tipo de expresión ha logrado
conocer dragones y luchar con ellos, ir a bordo de
una carroza y recorrer los lugares con los seres fantásticos
de la imaginación, para convertirse en un trovador
de los olvidados.
"Muchos sueldan fierros, pero pocos conversan con
ellos", dice. El mostrar, el contemplar, el imaginar
y el cuestionar los significados de los "fierros viejos",
lo han llevado a la búsqueda exhausta de los
seres escondidos dentro del taller.
Su
trabajo fuerte y dedicado le ha hecho merecedor de
varias condecoraciones y ha permitido la exposición
de sus obras en varias colecciones alrededor del mundo.
El
ambiente del Mercado Arenas le ha otorgado una de
sus mayores cualidades: la sencillez. Ha recogido
el sentir del pueblo ecuatoriano para proponer, a
aquellas personas que normalmente no acuden a un
museo o una galería, una vitrina de la realidad intangible
convertida en objeto estético.