Nació el 24 de diciembre de 1938 en Quito,
Ecuador. Estudió en
el Conservatorio de Quito, la Eastman School of Music
(Rochester, N.Y.), el Instituto di Tella (Buenos Aires)
y en la Musikhochschule Köln. Producciones en
el estudio de Música de la WDR (Colonia),
en el Centre Européen pour la Recherche Musicale
(Metz), en el IRCAM (Paris), en el Accroe (Grenoble)
y en el ZKM (Karlsruhe). Trabajo docente en Metz, Stuttgart,
Karlsruhe, Basel,Sofía, Quito, Cuenca, Buenos
Aires, Bogotá, Madrid, Barcelona, Györ
y Szombathely (Hungría). Conciertos en
los principales festivales europeos. Desde 1990 Profesor
de Música Electrónica en la Musikhochschule
Freiburg hasta su jubilación en 2004. En 1988
fundó con Roland Breitenfeld el K.O.Studio
Freiburg, una iniciativa privada para el
cultivo de música experimental. Vive desde 1996
en Freiburg.
Créditos
El
25 de octubre se estrenó en el Teatro Sucre
mi obra escénica Boletín y Elegía
de las Mitas, basado en el texto homónimo
de César Dávila Andrade. En un programa
de mano para un evento semejante, en el rubro Créditos,
se menciona a aquellos que han contribuido de alguna
u otra manera a la presentación, por ejemplo
en forma de auspicios. Me apena que NINGUNA institución
cultural del país haya querido acompañarme
en esta aventura. Más aún, cuando pienso
que si a mí, un músico "que triunfa en
Europa", se me niega apoyo, cuál será la
suerte de un compositor de 25 años sin nombre
y sin padrinos. Recordemos que entre los 20 y 30 años
el ser humano está en la cúspide de su
potencia, en todo sentido. En esas edad se han creado
obras fundamentales. (Pensemos en Schubert, Mozart,
Büchner, Pascal, Einstein, para nombrar
un par.)
En
la semana pasada he tenido contacto con el señor
Ministro de Cultura, quien me ha ofrecido apoyo, con
lo que terminaré esta aventura con un balance
sin cifras rojas para mi caja familiar. Quiero agradecer
al señor Ministro y desearle la mejor de las
suertes en el acompañamiento que hará al
esfuerzo creativo, por cierto, no solo de los veinticincoañeros.
Ambos quedamos sorprendidos de ideas comunes concernientes
a la creación de un Centro de Documentación
de la Música Ecuatoriana, en la cual tendrían
un hogar tanto la música llamada popular como
la llamada culta.
El
esfuerzo para montar está obra ha sido enorme.
Mi agradecimiento al Teatro Sucre, para los músicos
participantes, los departamentos técnicos y
administrativos y su director Julio Bueno. Especialísimos
para Jorge Oviedo. Los músicos sabemos que la
gratificación más grande que podemos
recibir son satisfacciones musicales. Si así es,
hemos gozado a montones.
Qué
bonito sería poder presentar esta obra
en Cuzco, La Paz y ... en Madrid.
Mesías
Maiguashca

Música:
el siglo XXI
La
vida cultural, específicamente musical,
en Quito es intensa. Existe un Conservatorio, dos Orquestas
Sinfónicas, el Teatro Nacional Sucre,
una Casa de la Música, una Sociedad Filarmónica,
radiodifusoras con intensa presentación de música
llamada seria, etc. ¡Que bueno! Se me ocurren
un par de sugerencias que podrían intensificar
esa vida cultural.
Tal
vez la primera observación que se me viene
a la mente al juzgar nuestra vida musical, es una significativa
falta de presencia de la música del siglo
XX y XXI y de música de compositores americanos
en general, y de compositores ecuatorianos en
particular. ¿Qué se podría hacer?
Por
ejemplo: las dos orquestas podrían hacer
un programa de encargos a compositores nacionales.
Pensemos en un ciclo de 4 encomiendas por año,
por dos orquestas, por digamos, cinco años,
nos darían un total de 40 obras. Digamos que
de ellas unas cuatro tengan una calidad sobresaliente.
¡Cuánto habríamos ganado! Es evidente que la
obra deberá ser documentada como partitura y
como grabación. Estaríamos creando patrimonio
artístico.
Qué
lindo sería si el 50 % de las presentaciones
de la Sociedad Filarmónica fuesen con obras
del siglo XX, mejor aún, de compositores nacionales,
con músicos nacionales. Acabo de comprobar que
hay buenos y excelentes músicos entre nosotros,
lastimosamente sin el "pedigree" consagratorio
de haberse presentado ya en el Carnegie Hall.
Qué
bonito poder escuchar música clásica
por radio todo el día. Pero, ¿por qué razón
falta en la programación una cantidad significativa
de música de los siglo XX y XXI? La producción
de compositores latinoamericanos en el momento es muy
vigorosa. El acceso a obras grabadas es fácil,
a través de Internet y de casas editoras. Además
de que un comentarista nos explique un Concierto de
Telemann, podría muy bien comentar un compositor
vivo de Chile, Argentina, Perú, etc., sobre
la obra que acaba de estrenar. Me atrevo a pensar que
tendría mucho mayor interés y actualidad.
Hay
lindos festivales para flautas y clarinetes. Tanto
más lindo sería si tuviesen un 50%
de obras de compositores nacionales. Cierto, esa música
no existe, pero se la puede encargar.
Yo
tengo entendido que el conocer la tradición
es fundamental. Pero tengo igualmente entendido
que LA TRADICIÓN, SOLO TIENE VALOR EN FUNCIÓN
DEL PRESENTE. Comprender a Beethoven es comprenderlo
en función de su época, como resultado
de un proceso. Y eso nos ayudará a comprender
nuestra época para poder reaccionar, por ejemplo
compositivamente, a ella.
Pero
parece que SI hay presencia incipiente del siglo
XXI en nuestra vida musical. Varios aspectos de la
actividad del Teatro Sucre, del DIC en el Conservatorio,
del Grupo Oído Salvaje y de ciertos Módulos
de la Universidad San Francisco dedican su atención
a prácticas contemporáneas.
El
teatro, el cine, la literatura ecuatoriana se nutren
de nuestro presente. Musicalmente, aparte de lo mencionado
arriba, seguimos enterrados en el siglo XVIII al XIX.
¿Por qué?
Mesías
Maiguashca
Email: m@maiguashca.de
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