La
Fundación Tiana tiene el agrado de invitar a la
presentación del libro LA MONEDA DE ALEJANDRO de Álex
Sánchez, el miércoles 16 de septiembre de
2009 a las 19h00 en el Centro Cultural Benjamín
Carrión (Jorge Washington 909 y Páez).
Presentarán
la obra Freddy Coello y Fausto Machado
Cóctel
Decía
Borges al favor de las biografías
que: “Las fechas son para el olvido, pero fijan en
el tiempo a los hombres y traen multiplicadas connotaciones.” Con
la austeridad de ese mismo tiempo Álex Sánchez
nació en Quito, Ecuador. Estudió diseño
gráfico en la Facultad de Arte de Universidad Central
del Ecuador. En el 2000 junto a Lenin Dávila y Jorge
Chicaiza fundaron la revista Lesparragusanada. En el 2007
presenta su poemario: “La espada en el sueño”.
Aquella obra guarda el recelo de la imprenta y sólo
se postuló con una sencilla encuadernación
y escasos cuarenta ejemplares. La tarea literaria muchas
veces se complace en presentar las mismas líneas
con variaciones mínimas, como lo sostiene Eudoro
Acevedo, en aquel trabajo ya se hallan las acentuaciones
sobre la mitología y ese afán de una búsqueda
inconclusa.
POSTERGADO ENCUENTRO
(La espada en el sueño)
Tendré después de ti:
la caricia única de tus manos,
la melancolía de tu voz diluyéndose en la
verdad,
tu blancura cercana ya al mito,
tu cuerpo dormido al borde del ocaso.
Tendrás después de mí:
las intolerables letras que resuenan en versos,
la suerte del amor no consumado,
la certeza de saber que estás en mis noches.
Pero después,
ambos con los años nos iremos haciendo más
simples,
ambos, con el tiempo,
asumiremos los hechos al favor del estoicismo.
Ambos, no la misma tarde,
recordaremos nuestras palabras,
ambos, en la soledad exacta
buscaremos una conversación, la mesa, el café,
el vino que no tuvimos en los labios.
Ambos, no la misma tarde, no la misma noche, no el mismo
día
claudicaremos el recuerdo que nos favorece ahora la memoria.
Ambos, no a la misma hora, no al mismo instante
tomaremos el sendero incontenible del frío Aqueronte.
Algo sacudirá nuestro interior yo acaso lo sepa,
tú acaso lo dudes,
mas el alma, de la que el griego afirma inmortal
será la inescrutable suerte que nos mantendrá
constantes en el tiempo.
Vendrán las lunas, vendrán los lustros,
quizás los siglos,
habrán otras calles, habrán otras páginas,
habrán otros versos, habrán otros nombres.
Será la nieve, será el mar, será la
arena.
Una lejana mañana nos encontraremos nuevamente,
pero será acaso con otra edad,
será acaso con otros rostros.
Hay que admitir que cada escritor va creando sus precursores,
están en esta justicia: Borges, Cortázar,
Sabato; como también son irreductibles Hesse, Camus,
Sartre, Kafka, Joyce.
“La moneda de Alejandro”, es su primer trabajo.
El volumen consta de once relatos. Las acentuaciones que
en la literatura no son echadas a menos acusan o permiten
al autor mostrar sus obsesiones. En dichas páginas
sin menester el lector se permitirá los énfasis
sobre el destino; sobre la mitología y sus seres
que no son menos ni más que lo que ahora es cotidiano;
sobre la muerte esa suerte misteriosa que nos entrega la
miseria y una recta justicia; sobre el amor, esa búsqueda
que no mide afanes ni tiempo ni soledades.
EL DESTINO
(Fragmento)
Nunca me sentí tan rebajado a la miseria, nunca
pensé que un hombre pudiera sentir eso de otro hombre,
nunca, a sabiendas que somos al final de cuentas un sólo
hombre, a sabiendas que todos somos Spenser, que todos
somos Heráclito, que todos somos un rey escandinavo
que cayó ante la furia de una espada.
En ciertas circunstancias, el discurso ayuda para salir
de posibles incomodidades, esa vez no fue la excepción,
con un lento ademán de sus manos, me dijo:
—No debería avergonzarse de sus actos, yo no he visto correr la
sangre de un hombre a manos mías, pero sé que esa desdicha me
aguarda en el futuro. Estoy aquí porque ese era su destino y también
el mío. Harán dos años desde que un hombre con la muerte
en sus ojos me relató cada acto que yo guardaba en mi memoria, de la
misma manera como lo hice con usted.
A más de esa desdicha, ese mismo hombre me fue mostrando
cada acto y cada palabra que yo iría repitiendo
en la vida. Todas las cosas que sucederán ya están
en mí, cada cosa, aun la más insignificante
posee esa suerte. Supe de aquella bala en mi pierna, voluntariamente
aquel día la busqué, voluntariamente he aceptado
todas las cosas que me deben pasar y que me han pasado.
Sabía que conversaría con usted esta noche,
sé también que mañana mi destino me
aguarda en Edimburgo. El amor, la gloria y la muerte ya
están escritos para mí y para todos los hombres.
El hombre y su soberbia no alcanza a entender que todas
las cosas en la vida son irreductibles, no somos nosotros
los que damos forma a nuestra vida, somos sólo las
piezas, nunca nuestra mano es la que elije. Cada acto,
cada palabra, toda felicidad y todo horror tienen esa esencia.
A cada hombre, y con suma misericordia, le está vedada
esa condición.