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La fotografía es un arte, es una forma de vivir. En los más de 25 años que le he dedicado, he podido vivir desde la alquimia del hiposulfito y la hidroquinona hasta la posmodernidad del píxel.
Bodas, relaciones públicas, fotografía documental, publicitaria, de arte, arqueología, numismática, así como una innumerable cantidad de proyectos museográficos y editoriales, completan este recorrido por la foto.
Trabajo, entre muchas otras, para instituciones como UNICEF, Banco Central del Ecuador, Alianza Francesa y Diners Club.
Muchos colegas se definen —por exceso de autoestima— como especialistas en tal o cual línea de trabajo ¡Qué lujo! Personalmente debo declarar que en estos años he hecho casi de todo, a excepción de fotografía submarina.
Me ocupo igualmente de una sesión de desnudo femenino como en fotografiar un envase, un edificio o una boda; hay que aceptar que es una osadía porque cada una merece tanto cuidado como la otra, pero si se lo hace con humildad y empeño es posible.
Punto aparte es la consideración de los nuevos vientos de la era digital, que han cambiado el oficio. Al respecto hay que decir que se pasó de una técnica eminentemente química a una electrónica pero, a pesar de formar parte indispensable del oficio, el fotógrafo está más allá de la técnica de grabación de la imagen… está en la concepción: exposición, encuadre, oportunidad, una idea clara del uso del producto final. La digitalización nos cambió el oficio pero no el ojo.
Mi formación como comunicador social inició mucho antes de las aulas universitarias; desde muy joven me sentí atraído por las formas y colores, por la obra de los grandes representantes del dadaísmo… de allí a Dalí, Magritte, Arp, etc. Algo de cada uno de ellos se ha quedado en mí y los recreo de cuando en cuando en una foto, en un dibujo o al óleo, medios todos válidos.
Tras muchas exposiciones personales, el collage y las tintas han pasado a formar una suerte de lenguaje personal en el que me muevo con soltura y a gusto… disfruta algo de ese trabajo.
Exposiciones
Unas horas en Cuba
Fotografías de una corta visita a Cuba (Ciudad de Cienfuegos, Trinidad y La Habana), exposición realizada en el Museo Camilo Egas del Banco Central del Ecuador, el 24 de octubre del 2007

Quito cotidiano
Personajes de la ciudad, exposición realizada en la Casa de Artes de La Ronda, del Ilustre Municipio de Quito, el 1 de Agosto del 2008

Des-velo
Exposición colectiva de varios autores, personajes afro-descendientes, exposición realizada en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, el 5 de septiembre del 2008

Rostros del Ecuador
Fotografía étnica del Ecuador, exposición realizada en la Fundación Sebastián de la ciudad de México D.F., el 9 de octubre del 2008

ESTÉVEZ, ESCRITOR DE IMÁGENES
Estévez, "el objeto" de nuestro estudio, es difuso, a veces sereno y protocolar; a veces eufórico y coloquial... Un tipo afable que asegura haber vencido su timidez por la necesidad de trabajo. Pero, ¿qué esconde esre artista del diafragma y de la luz?
Para empezar, cabe decir que este" caballero" tiene por acervo afinidad con las letras y la plástica, con la foto y con nuestro tiempo. Sin pretender clasificarlo como a un cartapacio hay que decir que su oficio de fotógrafo viene de interminables horas en el cuarto oscuro - esa alquimia que ya pasó a mejor vida, esa magia que ya es lujo de unos pocos melancólicos-. Ver aparecer una imagen en la soledad del laboratorio, en la penumbra y al cobijo de las lámparas rojas de seguridad es ambrosía de otros tiempos. En fin, a eso le dedicó muchos años: experto en calentar con la palma y el aliento alguna zona que se demoraba en parir imágenes, conspicuo Voyeur del grano del papel fotográfico, enfermo del enfoque, titiritero de la "mosca" - que era una herramienta casera que consistía en pedacitos de cartulina pegados al extremo de un alambre, de la que se valían los fotógrafos en el laboratorio, para destacar talo cual detalle de una imagen.
Según declara, su interés por la fotografía se le fue haciendo carne hace ya casi treinta años, cuando empezó a trabajar en alguna empresa de publicidad y, pino a pino, paso a paso fue desarrollando una cultura integral en las artes. Recuerda con particular afecto la gentileza de Édgar Numa Cevallos Rosales -apasionado por la historia del Ecuador- y la maestría de Manuel Romero- artista del dibujo y la gráfica-, así como a una pléyade de amigos y compañeros, de amigas y referentes. En fin, un espíritu inquieto que, por ello mismo, no habría de conformarse con la seguridad que brindaban las prestigiosas empresas de las que fue parte. ¡Y quemó las naves para emprender travesía a mar abierto, por las picadas aguas del profesional independiente! De ese entonces acá, han pasado varios lustros.
Este "tipo extraño" asegura tener una educación desigual e incompleta. Estudió agronomía, luego periodismo y, por último, comunicación (que suenan parecido pero no son lo mismo). Dice amar la música pero no saber de ella más que cualquiera, prefiere lo académico pero goza con las voces de la calle, como dijera el poeta.
Hasta hace poco, no había en el medio ninguna posibilidad de estudiar la fotografía de manera formal, pero sus vivencias infantiles, cuando compartía una casa de vecindad con un fotógrafo de estudio de apellido Rodas, le calaron hondo. Aquel viejo solía regalarle los carretes en los que venía envuelta la película, así que era más o menos inevitable que terminase emulándolo, el resto lo aprendió en los libros.

Anécdota aparte, y ya obligado a pensar en su obra, hay que decir que, al "leer" sus imágenes, uno no puede dejar de apreciar el "oficio" que, al fin de cuentas, es lo que nos tiene leyendo estas letras: salta a la vista una depuración técnica y una habilidad en factores como el encuadre y el enfoque, amén de la temática que -voluntariamente o por encargo- se ve obligado a enfrentar. Aclaro esto porque en la ejecución de una fotografía, al contrario del lenguaje más o menos pensado del artista de caballete, todo debe resolverse en segundos.
El hombre que rema junto a un inmenso y avejentado buque, o la madre que cruza una calle en medio de la lluvia, cargada de bolso, paraguas, hija y peluche, no esperan.
Del encuadre, y por culpa del ejercicio comercial con los métodos de la fotografía clásica, le ha quedado el vicio de una composición definitiva (asegura que máximo una de cada mil imágenes es recortada al procesar. Más o menos lo mismo puede decirse del enfoque selectivo y la exposición). Trabajar diapositivas merecía una precisión en los comandos de la cámara que no dejaba margen al error; eran tiempos en los que la experiencia y el uso de un fotómetro eran vitales. Actualmente, hay mucho para pensar sobre la incursión de la fotografía digital con soporte electrónico, que nos ha regalado el avance tecnológico: iPrestaciones maravillosas e inimaginables hace poco tiempo!
En lo formal, se nota una delicada educación visual que se remonta, según él, al interés de sus primeros años en la pintura, donde sus" dioses" fueron los dadaístas y Dalí y Magritte. Por otra parte, se adivina la lógica de la comunicación del mensaje aprendida de sus "referentes" en el humor gráfico como Pastecca, Pañela y Mingote, de quienes, seguro, heredó un cierto humor que incluye algo de crueldad y compasión. De Sade, Jardiel Poncela y Álvaro de la Iglesia robó confianza para usar la sorna.

Si algo se nota en sus fotografías - sección de la realidad- es una visión optimista de la vida y una amabilidad para retratar, con toda dignidad, los momentos espinosos y los seres más desvalidos, tal es el caso de esos niños trabajadores, del minusválido que transita en medio de la ciudad moderna o del estibador que transporta un refrigerador en su frágil triciclo.
El fotógrafo (¡Pobres fotógrafos con ínfula y corazón de artista!) vive de satisfacer los apetitos de la sociedad. Y, por lo mismo, este fotógrafo a veces está" ganándose la vida" en una boda, fotografiando las selvas o las nevadas montañas, documentando fríos procesos investigativos o apoyando proyectos editoriales i Mucha carpintería! Esa carpintería debe ser útil y efectiva en los requerimientos de la industria de la comunicación, pero, en medio de ello (y a pesar de ello), es admirable e increíble la persistencia, de este fotógrafo, por convertirse en escriba de su tiempo.
Patricio Estévez asegura haber hecho más o menos de todo, como no sea fotografía submarina o fotografía espacial para la NASA. No le es extraño ningún medio de transporte cuando rebusca realidades: de la dignísima mula al avión supersónico, de la destartalada camioneta que lo lleva a la Laguna de Culebrillas a la limousine ejecutiva. iCosas del oficio!
Si algo extraña es que en el medio haya" cero galerías" que pongan al mismo nivel del arte pictórico la obra fotográfica, Y que se siga considerando a la imagen fotográfica un bien exclusivamente utilitario... Seguro que una fotografía es más que eso: muchísimo más!
Por último - y para rematar-, para hacerse una idea de este "escritor de imágenes", piénselo siempre sonriente, con una cámara en mano y diciendo en medio de cada frase: "Mi Anita Catalina", refiriéndose a su entrañable compañera.
Alfonso Cevallos Romero |