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Ramiro Oviedo
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Ramiro Oviedo

Ramiro Oviedo

Ramiro Oviedo (Chambo, 1952) poeta, reside en Francia desde 1987, donde es profesor de literatura latinoamericana en la Université du Littoral. Desde 1996 viene organizando encuentros de escritores hispanófonos y francófonos con mucha acogida entre los estudiantes de la universidad. Su libro “Los Poemas del Coronel“ obtuvo dos premios en Francia, Premio Trouvères, 2002 y  Pemio Claude Sernet, 2004. Entre sus obras están: Serpencicleta 1999, Esquitofrenia 2001, La nature se mèfie de la vitesse 2002, Escáner 2005, Los poemas del coronel 2003, Boca a Boca 2008.

Nació el 12 de marzo 1952, en Chambo, provincia de Chimborazo, donde vivió hasta los 5 años. Estudió pedagogía para la enseñanza del español, centrada en la literatura y en la lengua española. Tiene un doctorado en pedagogía por la Universidad Central, y es Egresado del Primer Ciclo Doctoral en Letras, en la Universidad Católica. Posteriormente obtuvo un doctorado en la Universidad de Toulouse.

Se considera a sí mismo como un escritor comprometido, que creía que podía transformar el mundo, y en la coyuntura de dictaduras militares y de gobiernos autoritarios, la palabra le sirvió como instrumento para la reflexión, para modificar el comportamiento de algunos grupos, de algunas comunidades y de algunos barrios quiteños, populares sobre todo. Entre marionetas, cine, exposiciones de pintura, recitales poéticos, siempre en la calle o en la federación de barrios, fue como comenzó su trayectoria de escritor.

Estuvo vinculado a varios talleres literarios de Quito como La Pedrada Zurda, Tientos y Diferencias y luego Eskeletra. Publicó en varias revistas de Quito y Guayaquil antes de viajar a Francia en 1987.

Sus publicaciones

“Serpencicleta”, poesía, es el primero que aparece de la editorial Eskeletra en 1999.  Es un ejercicio de lenguaje simbólico, donde la serpiente no para, es como una rueda de bicicleta, y no queriendo morderse la cola sino  el mundo. Esa era la idea del viaje a Francia, convertirse en una especie de Cristóbal Colón, un aventurero, intrépido metiéndose en camisa de once varas. “Como uno no es embajador, ni millonario, uno tiene que ir a romperse la cabeza ahí como sea”.

Luego vino “Esquitofrenia”, su segundo compendio de poemas. En un tono mucho más coloquial que el anterior, mucho más fresco, más cotidiano, prosaico, donde habla de esa experiencia de la ruptura, del “expatriamiento”. “No es como mucha gente cree, súper dolorosa, no he vivido el viaje como una tortura. Siempre hay un hueco que queda, pero es sobretodo una reflexión, un trabajo de la memoria, sobre Quito, con sus barrios con sus calles, con sus olores, con sus nubes, etc. Entonces Esquitofrenia es el ejercicio difícil de caminar, teniendo un pie en Francia y un pie en el Ecuador. La imposibilidad de caminar con agilidad”.

Lo que hizo en estos dos primeros libros, fue un ejercicioen la línea de Nicanor Parra: “Son dos libros de antipoesía, siendo el segundo, más juguetón y poéticamente menos fuerte que el primero. A mi manera de ver, sin embargo a la gente le ha gustado más el segundo, no sé, porque es más musical, porque a lo mejor se identifica con las cosas que pasan adentro”

En 2003 publica “Los Poemas del Coronel” editado en Francia  por Jacques Brèmond, y que acaba de salir en la Casa de la Cultura. Es un ejercicio de reciclaje de materiales existentes, donde le da una voz al coronel Aureliano Buendía, de “Cien Años de Soledad”.  “Además de ser guerrero, combatiente y que perdió las 32 batallas en las que se metió como insurgente, el Coronel Aureliano también escribía poemas de vez en cuando. Después de leer como veinte veces Cien Años de Soledad, siempre me volvía esa idea, donde están los poemas, nunca se sabe cuales son los poemas del coronel, entonces yo escribí esos poemas”.

“Tuve que meterme en la piel de Aureliano Buendía y conocer cuál era el contexto cada vez que escribía y salieron 33 poemas, uno más que las 32 batallas que perdió, para demostrar que la lengua sí puede ganar cosas y, además, como Aureliano siempre perdió todas las guerras, había que hacerle ganar alguna vez algo”.

“Los Poemas del Coronel” obtuvo dos premios en Francia. Prix Trouvères 2002, Salon du Livre Touquet, Prix Claude Sernet, Salon du Livre de Rodez, 2004. Sin embargo, para Oviedo, más que los premios, el logro de este libro fue el ser editado por Jacques Brèmond, uno de los editores de poesía más reconocidos en Francia.

Anteriormente publicó en Francia “Fanesca”, que es una mezcla de textos libres, entre poemas y ejercicios de narración, con un editor privado que aportó con grabados de su autoría, por lo que su precio era inaccesible y no tuvo mayor acogida.  Sin embargo ha tratado de difundir algunos de esos textos por otras vías.

“Escaner”, libro que publica en el 2005, es una especie de antología de su producción anterior con la inclusión de nuevos textos que todavía están por publicarse. En el 2007 escribió “La Ruta de Piscis”. “Es el intinerario que sigue piscis. Yo soy piscis, no sé si por suerte o mala suerte, entonces he tenido mi ruta y ahí está. Más o menos tratado de manera simbólica”.

En agosto del 2008  la editorial Eskeletra  publicó su libro “Boca a Boca”.  “Me parece, por ser el último, que marca un viraje en el registro de escritura. Del antipoema, de lo coloquial, de lo corrosivo, de lo cotidiano, de lo simplista. Es más bien cerebral, resbaloso, escritura maleable, ambigua. El texto en si es polisémico. Tiene la pretensión de ser un texto con talla universal, que no se quede en lo local, ni en lo nacional, sino que trascienda todo eso. Es el libro más ambicioso que he escrito y bueno, los lectores dirán después qué pasa. Y no creo que me vaya a quedar en ese registro, a pesar de que hay un gran cambio. Aunque yo sigo creyendo que soy antipoeta, aunque la visión de poeta sea más metafórica en lugar de ser figurativo o impresionista. Es más bien abstracto y exigente. El lector que no tenga paciencia, que no tenga tiempo, el lector simplista, no podrá entrar a ese libro, es un hecho.”

 

La docencia

Es profesor de literatura desde los veinte años de edad. Convencido de lo que enseña, por su pasión por la literatura, disfruta de la docencia.  En el pensum de estudios siempre incluye a  autores ecuatorianos: Pablo Palacio, Jorge Icaza, los cuentos de Raúl Pérez, Iván Egüez, Abdón Ubidia, Jorge Dávila Vásquez, entre otros; y, por supuesto a algunos grandes latinoamericanos:  Horacio Quiroga, últimamente a Roberto Bolaños, etc. Siempre está buscando nuevos autores por descubrir.

Ha participado y ha sido invitado a numerosas lecturas en distintas latitudes: en Moscú, en la casa de Maiakovski; en Italia, en Florencia, Parma, Torino; en Bélgica, Bruselas, Toulouse, etc. Se siente satisfecho con el interés que se ha dado a su lectura.

Con el apoyo de la Universidad organiza, desde hace doce años, encuentros de escritores hispanófonos y francófonos. Cada año invita a dos representantes de cada lengua. También organiza coloquios sobre escritores, hace dos años fue sobre Roberto Bolaños, y  el año anterior sobre Jorge Enrique Adoum: “ Jorge Enrique estuvo con los estudiantes de Francia, compartiendo con ellos. Un hombre de una lucidez y una inteligencia impresionante, y de una simpatía que se ha ganado todo el cariño de los estudiantes”

La memoria del ojo

El ojo no olvida nada. ni las zonas industriales. ni los suburbios.

No puede ignorar la acera de enfrente
Ni la agencia de viajes Paris-Dakar
Ni los viajes de verano por los mares podridos
Ni los desiertos con las firmas de Total
Ni la amazonía mordida por la Texaco
Ni las huellas de Repsol hundidas en la arena
Ni las mandíbulas redondas de Mitsubishi
Ni los abismos abruptos
Ni las montañas enanizándose como monedas sudamericanas
Ni los lagos y sus vientres apagados
Ni los huesos rotos de las nubes
Ni los bosques convertidos en libros de pacotilla
O en aeropuertos clandestinos.

Tampoco olvida el olor negro del último minuto.
La memoria del ojo dice .

 

La tierra es mujer, a veces

Para explorar el cuerpo de la tierra -que lo sepan los artistas y
..... quienes nos gobiernan-
Hacen falta cojones. No decretos.

Hay que tener al menos tres dedos de frente
La audacia de querer la luna
Estar dispuesto a excavar los astros, para tatuar el futuro más
Allá de las orillas
De sus caderas.

Para amarla como ella ama y mantenerse a la altura
De sus caprichos
Inútil venerarla como a Santa Teresa.

Para que diga .
Hay que amarla. y mucho
Y cada vez más
Sin que nada en ella se consuma.

 

Diga no al pozo de cruces inéditas

En torno nuestro y en Estambul, esqueletos de cuadros en espera.
El peroné luminoso de Picasso, mezclado al equipaje ordinario
..... de residuos
De un cementerio destripado, arrastrado por una lluvia de
..... uñas largas.

A pesar de la exuberancia del Mato Grosso, ninguna alevosía
Solamente esqueletos de cuadros
En los Andes, las clavículas peladas de Guayasamín
En cada metro de Viena un dedito de Mozart
En cada pastizal de América Latina la guitarra de Víctor Jara
En el desierto de Sonora cráneos perforados en el parietal
Y esqueletos de cuadros esperando.

Por los prados de Toscana, cráneos nadando entre el fango y la
..... lluvia
Por los vergeles y viñedos de España, esqueletos de cuadros
..... y rótulas de cal. afiches del PP y CeDés de Sabina
Corazones colgados en los postes de Quito
Por los jardines de Versalles, por cada fuente, por cada parcela
..... de tierra labrada
Por cada árbol
Metacarpios húmedos y esqueletos de cuadros esperando
Junto a las ortigas hirvientes que invaden las cabañas en ruina.

Un mundo de cruces el mundo.

(Tomados de "Boca a Boca")

 

Tu voz

El mundo es una pintura.
Cuando cantas
tu voz atraviesa cada gota de lluvia,
cada begonia.
Los pájaros se callan,
las bananeras parecen hipnotizadas,
las mariposas amarillas se sientan en la hierba
y el viento,
vestido de luz,
juega columpiándose en cámara lenta
alrededor del castaño.

En el taller
el metal vive un orgasmo de peces dorados
antes de ponerse a nadar,
bajo el oro del aguacero.

Pronto -como una diva-
me traerás un café
y desaparecerás,
estrella fugaz.

(Tomado de "Los poemas del coronel Buendía")



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